Habrán visto a Ana Celentano interpretando mil personajes en series como “El Reino” o “María Marta: el crímen del country” -en el que encarna a Irene Hurtig-, o en películas como “Yo nena, yo princesa”. O, si rondan los cuarenta y pico como yo, tal vez la asocien inmediatamente con Clara, la prima de Ricardo (Rodrigo De la Serna) en la legendaria “Okupas”.

Para la época en la que grabó la serie dirigida por Bruno Stagnaro, la actriz ya llevaba por lo menos 14 años de luchar con una anemia crónica frente a la que ningún médico daba en la tecla. Y le llevaría 17 años más conocer al hematólogo que asoció ese síntoma con la celiaquía. El 8 de agosto de 2017 le realizaron la endoscopía que confirmaría su diagnóstico. Ana tenía 48 años.

“Yo toda la vida fui anémica, desde los 17 años. Nunca terminábamos de saber por qué y empecé a ver a un hematólogo porque estaba mal, bajando mucho de peso. Me asusté mucho, la verdad pensé que me estaba muriendo, que me estaba pasando algo muy grave. Yo mido 1,69 y estaba pesando 48 kilos. Y el hematólogo me dijo que íbamos a hacer el estudio de celiaquía y yo le dije ‘no, no es necesario, yo no soy celíaca, ya me hice un montón de estudios’. Y él me preguntaba ‘¿pero te lo hiciste alguna vez?’ y yo le decía ‘no me acuerdo’. Una negación total”, cuenta entre risas.  Por suerte, el hematólogo insistió.

¿Sos de las que milita la celiaquía?
No tanto. Lo que sí me pasa es que a cada lugar que vas es como que tratás de hacer un poco de docencia, tratás de explicar. Por eso mis amigas un poco me cargan. Yo estaba recién diagnosticada y habíamos viajado a Rosario y lo primero que le dije al conserje del hotel fue “soy celíaca”. A partir de ahí mis amigas me cargan con el “hola, soy Ana, soy celíaca”. 

Por el camino que hiciste para llegar al diagnóstico entiendo que pasaste por un montón de médicos que no pensaron en la celiaquía como una explicación a tu anemia, ¿no?
No, tal cual. Pasé por muchos médicos clínicos y el último médico que había tenido, con el que yo me estaba atendiendo en ese momento, como que subestimaba mucho el tema de la anemia, me decía que era poco, que no pasaba nada. Es como que no lo tenían en el radar. Yo al último dejé de ir por eso, de hecho; porque no podía ser que a esta altura el tipo no hubiera pensado que una persona que toda la vida había estado anémica, con problemas de subir y bajar de peso… Más otros síntomas que después yo me fui enterando que estaban relacionados con la celiaquía. De hecho cuando era chica, a los 12 años, había hecho una dieta sin harina de trigo durante un año. Porque yo me mareaba, tenía una especie de espasmo, un montón de cosas muy raras. Me llevaron al neurólogo, terminamos en un alergista y él le dijo a mi mamá y a mi papá que era alérgica al trigo, pero que era muy poca mi reacción. Entonces lo mantuvieron durante un año  y después les pareció que no tenía mucho sentido mantener la dieta así que volví al trigo. Después me di cuenta de que también tenía unas picazones que me mataban, dificultades para quedar embarazada, que está directamente relacionado con eso también. 

¿Desde lo anímico cómo te afectó?
Fue raro, fue como un arco. Porque en el momento fue como “bueno, soy celíaca, me tendré que acostumbrar”.  Y me acuerdo que la llevé a mi hija al teatro y pasamos por una dietética y fui a comprar frutos secos. Y la chica de la dietética me dijo “pero vos si sos celíaca no podés comer esto” y me sorprendí; y ella ahí me habló de la contaminación cruzada. ¡¿Qué?! Ahí fue como que me cayó la realidad real de lo que era la alimentación para un celíaco, que no era simplemente comer cosas que no tenían gluten. Hasta ese momento no había ido al médico y no me había explicado. Me acuerdo que eso fue lo más duro, cuando empecé a caer en la cuenta de que era todo un tema, de que la forma de cuidado era mucho más compleja de lo que yo me imaginaba, que no era simplemente no comer determinados alimentos sino que toda mi forma de comer iba a ser diferente. Y aparte también me pasó que 2017 fue un año bastante complejo para mí en cuanto a otros problemas familiares, cumplí 48 años y empecé con la menopausia, entonces se me fueron juntando varias cosas que también tenían que ver con lo físico, lo biológico y fue un golpe duro al principio, muy duro. Me acuerdo que un día intenté hacer unas berenjenas al escabeche y la cocina era un desastre; y en un momento me di cuenta de que había puesto todas las berenjenas a secarse sobre unos repasadores y dije “pero estos repasadores no están limpios” y me puse a llorar desesperada pensando “cómo voy a hacer” (risas). Me acordaba del personaje ese de Capusotto que decía “es imposible, es imposible!” (risas). Esas cosas al principio me daban mucha impotencia. Después te vas habituando. 

¿Cómo te organizaste con la cocina y qué dificultades encontraste al momento de empezar a cocinar sin gluten?
Bueno, las primeras dificultades fueron las de tratar de cocinar sin gluten y darme cuenta de que la cuestión no pasaba sólo por los alimentos que tenía. No quería sacarle el gluten a mi hija y a mi marido porque no me parecía justo, digamos. Pero sí tenía que tener más control del guardado y limpiar el resto de la cocina cuando se cocinara con gluten y tener todos los cuidados para que no se mezcle con mi comida. Y después en la cocina hubo mucho aprendizaje y mucha prueba y error. Lo que más me desesperaba era el pan. Y ahí fueron meses y meses de comer cosas espantosas que cocinaba. El médico me sugirió que hable con una nutricionista y juntarme con otros celíacos que me tiren tips y cosas que van a ser mucho más importantes que la nutricionista. Fui a ver a una que fue un desastre; no era que no sabía pero me llevó a una dieta y yo ya tenía una restricción que era el gluten. Después fui a otra que me armó como un mapa de qué sí y qué no, dónde cuidarme más, y con eso me organicé un poco más rápido. 

ana celentano escena el reino

Ana Celentano y el Chino Darín en una escena de “El Reino”. Foto: Marcos Ludevid/NETFLIX © 2021

¿Y le hiciste caso al médico? ¿De qué manera te fuiste informando por fuera de esa nutricionista?
Primero fue fundamental una amiga mía, Mariana Quintana, que es celíaca diagnosticada hace como 10 o 15 años. Cuando empecé la dieta me vino enseguida el recuerdo cuando ella venía a casa y yo capaz había hecho una tarta y me decía que no la podía comer y yo capaz le ofrecía comerse el relleno. Y ella me explicaba que no porque había tocado la masa y yo pensaba “que exagerada, que neurótica” (risas). Me pongo colorada ahora porque me da vergüenza. Y ahora lo que me pasa es eso, la dificultad de que el otro te entienda. A ella la llamaba todo el tiempo y me súper ayudó. Empecé a seguir a Soy Celíaco No Extraterrestre, para mí fue fundamental porque receta que hacía de ellos, receta que me salía bien; después cocineras como Ale Temporini, obvio, las más conocidas. Y leí mucho de (Eduardo) Cueto Rúa, vi muchos videos. También entendí que tenía que tratar de no reemplazar la comida con gluten con comida sin gluten, tratar de no hacer una dieta que solo fuera harinas. Era entender que no iba a volver a comer como antes, tenía que pensar que no era un simple reemplazo.

¿Qué es lo que más extrañás?
Ay, extraño la textura del pan pebete, comerme un pancho con pan pebete. Salchicha no como nunca pero una vez cada tanto un pancho me encanta; y esa textura suave y esponjosa del pebete la extraño. Los sándwiches de miga… Está más relacionado a lo panificado. Porque, por ejemplo, tortas -que yo soy muy dulcera- funcionan muy bien, conseguís texturas muy ricas, muy buenas. Pero esa textura del pan de Viena y del pan de miga la extraño. Y extraño la disponibilidad de la comida; estar en la calle, meterme en un bar y comer algo. Eso extraño.

¿Qué es lo que más te fastidia que te pase cuando decís que sos celíaca?
Es la actitud en general. Cuando un mozo te responde “aahhh, te puedo hacer…..” y vos ya decís “no, no tenés ni idea de lo que te estoy hablando”. Quedo totalmente derrotada frente a eso (risas). Ya sé que en ese lugar no puedo comer. El otro día fui a un bar precioso, todo súper natural. Pido un té y me traen una bandeja con un montón de tecitos sueltos, entonces le digo que suelto prefiero que no porque soy celíaca; me dicen “pero esto no tiene nada”, le vuelvo a insistir, le pregunto si no tiene en saquito y me dicen que no. Eso me molesta. No es que quiera competir con los veganos y los vegetarianos (risas), pero no tengo un berretín, no es que no quiero comer más carne o no quiero comer más cosas animales; no puedo. Hay una ley, es obligatorio, hacé un cursito, traé a alguien que te asesore, llamá a la Asociación Celíaca y preguntá cómo podés hacer. Y después, me pasa que en trabajando en cine, en rodajes, suele pasar que la gente que hace catering tiene esa buena voluntad pero no tiene toda la información necesaria para darte algo que vos puedas comer tranquila. Hay gente que no, que está re preparada. Pero hay otras veces que no entonces tenés que ponerte a explicar y se arma la charla en la mesa y ahí es donde hacés docencia (risas).

SINTACCTIPS:
-Un lugar con menú apto para ir a comer: Sintaxis
-Producto sin TACC favorito: las galletitas Schär Crackers con sal
-Último gran descubrimiento celíaco: la cerveza Stella Artois sin gluten, la compré en Cocelia
-Una película para ver el próximo fin de semana: “Puan” (con Marcelo Subiotto y Leonardo Sbaraglia, dirigida por María Alché y Benjamín Naishtat, en cines al momento de la publicación de esta nota)
-Un libro que recomiendes: “Cometierra” (de Dolores Reyes, editorial Sigilo)