El falso nicho de los alimentos sin gluten
En los últimos años escuché cientos de veces la palabra nicho; sobre todo desde que me aboqué a trabajar en la comunicación libre de gluten. El nicho sería la industria apta para celíacos. El nicho del nicho, mis potenciales clientes.
¿Cómo se piensa un proyecto que pueda consolidarse como un medio de vida si depende de apenas un puñado de marcas o instituciones que puedan pagarte por tu conocimiento y experiencia? ¿Qué ingresos puedo tener si están sujetos a una pequeña porción de un negocio dentro de otro como si fuera la muñeca de menor tamaño de una mamuschka?
Pasé noches enteras sin dormir pensando en la respuesta a esas preguntas, reformulando en mi cabeza qué servicio ofrecer, a quién, si me estoy equivocando, si tengo que retroceder casilleros en el juego de mi vida y volver a buscar (varios) trabajo(s) como periodista cultural en medios cada vez más precarizados resignando no solamente lo que considero que es un gran aporte a la comunidad celíaca sino también lo que me apasiona en esta instancia de mi vida.
El problema es que llegaba siempre a un mismo punto que una y otra vez me generaba ruido. ¿De qué nicho estamos hablando? ¿La alimentación sin gluten es un nicho? Ruido. Si bien es un concepto instalado me tomo el atrevimiento de refutarlo sin que me tiemble el pulso al teclear estas letras.
Porque no se me ocurren muchos ejemplos de situaciones tan cotidianas y compartidas como comer: en el comedor del trabajo, en la mesa de un patio de comidas, sobre un tablón en una terraza en Navidad, en el barcito o restaurante para el que de el bolsillo por el Día del Amigo, en casa con la familia un domingo cualquiera. Cocinar es dar amor, dicen. Y puedo confirmar que quienes me quieren cuando me cocinan lo hacen procurando que yo no me enferme con ese alimento y lo elaboran con productos certificados sin gluten y todos los recaudos pertinentes. O compran algo elaborado que les (me) de la tranquilidad de que será inocuo frente a mi condición.
¿Entonces no es solamente el celíaco el que consume alimentos sin gluten, el que busca que un restaurante tenga opciones aptas, el que compra especias certificadas para tener en la alacena por las dudas de que la hija celíaca vaya a almorzar el domingo? Pues entonces el nicho no es tal y la importancia de que una empresa comunique que su alimento es apto para celíacos toma otra relevancia. Porque no le habla únicamente a la persona con el diagnóstico -el famoso 1 de cada 167 adultos que indican las estadísticas- sino a ese 1 y todo su entorno con el que comparte sus comidas.
Por lo tanto, el nicho es relativo. Y no entender eso está dejando a gran cantidad de marcas fuera de la conversación de esa comunidad celíaca que es bastante más amplia de lo que muchos creen.
Foto de portada de Aurela Redenica en Unsplash




